Estación TRAM Mercado

EQUIPAMIENTOS
AE015
Av. de Jaime II, 23
Alicante
(Alacant)
Premio COACV: SI
PUBLICO
Tiempo visita (minutos): 10
Fecha inicio obra: 2005
Fecha final obra: 2007
Contingencias
En las complejas redes de la Administración existen (o resisten) personas que trabajan con dedicación y honestidad en la mejora de los Servicios Públicos. Durante un tiempo, una de estas personas acometió la tarea de procurar el espacio necesario para que los arquitectos pudieran participar en el diseño de las Infraestructuras en Alicante. Era un ingeniero.
Javier García-Solera se incorporó a la obra en construcción de la Estación de Mercado, ubicada en pleno centro urbano y con los muros perimetrales terminados. La sala de andenes estaba prevista a veinte metros de profundidad, por debajo de los grandes colectores de saneamiento y los aparcamientos subterráneos existentes. Un contexto complejo, que presuponía, —por estar muy avanzada la obra civil— que la labor del arquitecto consistiría en el adecuado tratamiento y revestimiento del interior.
Sin embargo, en esta circunstancia, la mirada del arquitecto reveló que el gran y profundo vacío originado por las condiciones que el lugar imponía, permitía construir una gran sala con capacidad para 500 personas. Un nuevo espacio para la ciudad —en el mismo centro urbano y con el tranvía en su puerta— que por sus condiciones de aislamiento puede dar lugar a actividades culturales y lúdicas que de otro modo no podrían producirse en la zona.
Para conformar este espacio únicamente fue necesario reorganizar los tránsitos interiores de la estación y de ese modo poder construir unos nuevos muros para sustentar una losa inclinada intermedia. La decisión de albergar en ese vacío la sala supuso comprimir la planta de andenes, subrayando así su propia condición subterránea. La elección de una envolvente continua que cubre suelo, techo y paredes en un todo negro,
refuerza este hecho. La envergadura del desnivel a salvar, tras la extrema atención puesta en el diseño de los recorridos hacia el andén, pasa de ser un inconveniente a ser un disfrute para los usuarios. La elección de los distintos techos en vestíbulo, auditorio y andenes, el control de la luz artificial y el cuidado de todos
los elementos expuestos al uso (resistentes y durables pero con tacto grato), confiere a cada espacio un carácter propio y una atmósfera humanizada y confortable.
El modo de trabajar del arquitecto en la Estación de Mercado, atento siempre a las condiciones que el lugar desvela, pone de manifiesto que, pese a las dificultades del contexto, es posible ampliar la mirada, superar el programa previsto y aportar soluciones urbanas que no podrían haberse realizado en otro lugar.
Y nos enseña algo más: La construcción de esta obra —por su envergadura, por las dificultades de emplazamiento, estructurales y funcionales— requería del trabajo esforzado de muchos. Y esta contingencia
nos reveló un aprendizaje doble: que la calidad de la obra ha derivado en gran parte del reconocimiento que García-Solera otorgó al mérito y a las cualidades de muchas de las personas que participaron en su construcción, lo que significó en ellas un compromiso más alto, más dedicado y por tanto un trabajo mejor.
Y este reconocimiento hacia el quehacer de los otros, es también una reivindicación de la labor del arquitecto, que al liberar a la obra de egos y gestualidades personales hace sitio al espacio tranquilo, confortable y habitable para todos. Y la Obra Pública cobra de ese modo su sentido pleno.
María Flores