Parque de Cabecera
Aquello que convertirá la ciudad de Valencia en ejemplo único de transformación urbana no son sus hoy venerados iconos urbanos sino su capacidad por convertir el antiguo curso de un caudal mediterráneo en pieza angular de ciudad.
En este discontinuo y cambiante proceso, que abarca varias décadas, el proyecto de transformación de más de un kilómetro de cauce al inicio del curso urbano es un regalo.
Debía completarse la actuación por el Oeste, resolviendo adecuadamente el punto en que el cauce natural del río se embocaba al tramo encauzado, preparando su paso por la ciudad. Era una de las piezas fundamentales del PGOU y la huerta estaba allí. En sus inmediaciones. Todavía estaba allí.
La decisión del proyecto fue emular los islotes que se formaban aquí después de las riadas, con estudiadas formas orgánicas, fluidas, aparentemente naturales pero que recuerdan gestos caligráficos muy a la moda.
La piedra, la madera exótica, los pavimentos de hormigón, las gravillas … acompañan a la vegetación dispuesta en una “re creación” totalmente urbana de un espacio destinado a “encabezar” esta singularidad mundial que es el Parque del Túria.
Como no podía ser de otra manera, el agua forma parte importante de la ordenación; y la búsqueda del ajuste formal preciso de la nueva escenografía se une a la creación de pequeños equipamientos y servicios.
El resultado es, en el fondo, una exuberante manifestación de pintoresquismo, excesivamente transformador, del que se echa en falta una reflexión mas serena y profunda sobre lo que sería este espacio en ausencia de toda acción humana ….. incluso de la buena.
El proyecto fue merecedor en la edición de 2003-2004 del Premio de Arquitectura del COACV en su modalidad de Espacios Exteriores.
Jaime Prior y Llombart
En este discontinuo y cambiante proceso, que abarca varias décadas, el proyecto de transformación de más de un kilómetro de cauce al inicio del curso urbano es un regalo.
Debía completarse la actuación por el Oeste, resolviendo adecuadamente el punto en que el cauce natural del río se embocaba al tramo encauzado, preparando su paso por la ciudad. Era una de las piezas fundamentales del PGOU y la huerta estaba allí. En sus inmediaciones. Todavía estaba allí.
La decisión del proyecto fue emular los islotes que se formaban aquí después de las riadas, con estudiadas formas orgánicas, fluidas, aparentemente naturales pero que recuerdan gestos caligráficos muy a la moda.
La piedra, la madera exótica, los pavimentos de hormigón, las gravillas … acompañan a la vegetación dispuesta en una “re creación” totalmente urbana de un espacio destinado a “encabezar” esta singularidad mundial que es el Parque del Túria.
Como no podía ser de otra manera, el agua forma parte importante de la ordenación; y la búsqueda del ajuste formal preciso de la nueva escenografía se une a la creación de pequeños equipamientos y servicios.
El resultado es, en el fondo, una exuberante manifestación de pintoresquismo, excesivamente transformador, del que se echa en falta una reflexión mas serena y profunda sobre lo que sería este espacio en ausencia de toda acción humana ….. incluso de la buena.
El proyecto fue merecedor en la edición de 2003-2004 del Premio de Arquitectura del COACV en su modalidad de Espacios Exteriores.
Jaime Prior y Llombart